martes, junio 27, 2006

Llamaré,
a los abrazos cálidos y a las sonrisas sinceras,
a las miradas que son puertas de lugares profundos
y a los besos que sellan la eternidad de un segundo.

Miraré,
a través de esos ojos que lo observan todo,
buscando la belleza alrededor,
temiendo perderse algún detalle,
atravesando lo real
con el poder de la imaginación.

Reiré,
al viento, al mar,
a las nubes, al sol,
a la luna y sus estrellas,
bailaré con ellas
de noche y de día,
me empaparé de su energía
y así, amaré, sin miedo,
con valentía.

Gritaré,
hasta que me oigas,
hasta que el dolor ya no me duela,
hasta que las lágrimas hayan arrastrado mi sal
y no quede en mi alma
más que paz y calma.

Planearé,
el cielo con mis alas,
sobrevolando el cielo
atravesando las corrientes.
Migrando cuando sea invierno,
buscando la primavera,
y que su calor y color
me envuelvan nuevamente.

viernes, junio 09, 2006

Más cien palabras, más de cien motivos...

Este es mi lado hedonista: a veces las pequeñas cosas, son las que hacen que vivir sea grande.

- EL PLACER DE LOS SENTIDOS

El roce de la arena entre mis dedos.

La imagen del cielo desde la cama recién amanece.

Las olas bailando sobre el mar

Hundir los pies en la arena y removerlos

Un desayuno en paz, en compañía del silencio

Los colores, todos. Intensos, mezclados, vivos...

El sabor de la fruta: el mango, las frambuesas, el maracuya...

Buen vino, rica comida y mucha e interesante conversación.

Antes de dormir, después de estar despierta.

El olor de mi casa.

Dormir desnuda mirando al cielo.

La ducha, el baño, el chapuzón... El agua.

Chocolate negro

Bailar sin reglas, sin motivos, con los ojos cerrados...

Conducir.

Beber de una tormenta de verano.

Soñar dormida, soñar despierta.

El abrazo de mi madre.

Reír hasta que me duela la tripa.

El olor de la hierba recién cortada, el olor a tierra mojada, el olor a salitre, el olor de las sábanas después del sexo...

Descansar bajo el sol.

La sonrisa de un niño.

Caramelos.

Mirar el fuego de una chimemea durante horas.

Un día de sol y calor, después de un baño en el mar, los primeros 3 minutos, cuando las gotas de agua recorren mi cuerpo huyendo del sol.

Caricias, besos, dulces.

El silencio compartido.

El viento en la cara.

Masticar hielo.

La sensación después de llorar, cuando el dolor se aleja con las lágrimas.

Leer y ... Y emocionarme. Y reír. Y soñar. Y sospechar. Y sentir la intriga. Y amar. Y llorar. Y despertar... siempre despertar.

Carne de gallina en la piel.

Estornudar.

Bailar sin parar toda la noche, entre risas compartidas.

Siesta.

Besos de buenas noches.

Pisar las hojas secas que caen en otoño, sentir el crujido en mis pies.

Estar sola sin sentir la soledad.

Compartir.

Cantar en la ducha, desafinando siempre.

Té de vainilla con leche para desayunar.
Chai pakistaní con leche después de comer.

Hablar con la mirada, sin palabras.

Caminar, caminar, caminar, sin saber a dónde. Por la orilla del mar, por la ciudad, por el campo, por el parque, por la hierba...

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sábado, junio 03, 2006

Intensidad.
Me estremezco.
Arde mi piel,
se congelan mis dedos
inmersos en un sudor frío
a pesar del cual
aún obedecen mi quiero.

Siento fuerza.
Escalofrío.
Emana de mí un calor,
una energía,
q si alguna vez sentí,
ya no recordaba.

Es pasión.
Fuego.
Sólo veo el mar
y las palabras q fluyen
sobre la tinta
q mis manos moldean.

Y sé qué quiero,
aunque no sé si puedo.
O quizá,
sé que puedo,
pero no se si quiero.

Podría volar este invierno,
podría nadar el océano,
y quemarme en tu fuego,
pero no se si debo,
no sé si quiero.

jueves, abril 20, 2006

CANSANCIO.......

Cansancio...
Cansada de estar, cansada de mirar y no encontrar.
El cansancio corre por mis venas y me hace ir cada vez más lento, como los walkman (¿los recuerdas?) que cuando se les acababan las pilas la cinta iba cada vez más despacio distorsionando así la voz del que cantaba.

Cansancio que producen los engaños, y también, o quizá más, los desengaños.

A veces, cansada de luchar, cansada de que todo cueste tanto, cansada de gritar en una burbuja insonorizada...

Cansada, he de reconocer, aunque me cueste, de no descansar a veces en unos brazos abandonando la alerta, de no encontrar esa paz, ese silencio... Cansada de echar de menos el útero.

Cansada también de tanto sentir, del ruido, de tantas palabras sin sentido, de tanto aliento malgastado, de abrazos fríos, mentirosos, y también, de estómagos cerrados, de tantos efectos especiales y continentes tan vacíos de contenido...

Y, es cierto que el cansancio no es una característica que me defina, pero hoy, y seguro que no mañana, estoy cansada...

jueves, marzo 30, 2006

El sueño penetra en mis ojos, y yo lucho contra su efecto, ellos cierran, yo abro. Toda mi energía centrada en abrirlos, y mis párpados pesan más y más, cada vez más....

Y sí, estoy cansada, pero no me he rendido; es mi cuerpo que necesita dormir, le cuesta seguir el ritmo del alma, q está excitada, fascinada, iluminada y llena, repleta, de energía, de ganas nuevas, de intercambio, de apertura... Y claro, ella no quiere dormir, por más que el cuerpo se lo suplique, ella quiere seguir, no quiere parar... no deja de soñar... no puede, embriagada de amor, de afecto que se reproduce, se multiplica... Pero aún quiere más, necesita salir, llegar a los demás, inundar todas esas botellas vacías, o quizá, cambiar los prismas de aquellos ojos que las ven vacías...

Explosión sonora de risas y sonrisas, abrazos que calientan, lágrimas que arrastran el dolor, para que al secar, sean sal que aderece la vida... Nubes de algodón caliente, me protegen del escalofrío, del hielo que habita en la apatía, en la indiferencia, en la ceguera... y no, no me alcanza ese frío cortante, y así, me mantengo despierta, aunque me pesen los párpados, aunque no lo parezca...

Y observo, consciente y dolorosa, la imagen de las mentes, que adormecidas y cómodas, empalagosas y egocéntricas, se hacen inmunes al dolor, sordas al llanto, ciegas al color del desgarro, ciegas a las miradas que gritan en silencio, desesperadas; peor aún, a los ojos que apenas conservan luz, deshumanizados, opacos, mate... a los ojos que no son más que vacío.

Y resulta que, esos ojos, son los suyos, los que habitan en su espejo, que mientras no despierten de su letargo, hipnotizados por lámparas de neón, no volverán a brillar con luz natural, de esa que hace reír y a la vez llorar.